Es el momento de afrontar el futuro. Puede que el anonimato ya no sea algo a lo que deben renunciar los famosos, sino también una gran parte de la población mundial. El reconocimiento facial ya está entre nosotros de varias formas, por lo que debería saber dónde y cuándo se producirá, y las consecuencias que puede implicar para nosotros.

Formas de reconocimiento facial

El reconocimiento facial ya está presente en muchas áreas diferentes: desde dispositivos personales como los iPhone a cámaras de seguridad municipales o imágenes en línea que son recopiladas e identificadas. La razón puede ser tan simple como usar su cara para desbloquear su teléfono o etiquetar a la gente en una foto de Facebook. O puede ser usado por las fuerzas de orden público para identificar a sospechosos. O quizá estos usos diferentes estén relacionados.

Las redes sociales como el fin de la privacidad

En gran parte, el reconocimiento facial es posible gracias a la disposición de la gente común a difundir sus imágenes digitales en la red, para que cualquiera pueda ser encontrado mediante un motor de búsqueda. Quizá tenga un perfil en LinkedIn o Facebook en el que usa su nombre real. Bueno, es una forma de que la gente pueda encontrarlo con Google. Pero ahora, la capacidad tecnológica de analizar una cara de forma inteligente ha mejorado enormemente. La gente ha proporcionado inadvertidamente todo lo que la tecnología necesita: millones de imágenes de sus caras desde los ángulos más favorecedores, creando una base de datos que permite a la técnica aprender y mejorar. Además, cuantos más ángulos haya de una cara, más fácil será identificarla. Como los vídeos de «deepfake», donde una cara está pegada digitalmente de manera convincente en un cuerpo, o donde le hace decir cosas que nunca ha dicho, el auge de la identidad facial es solo una de las formas en las que su cara está siendo más cartografiada que un mapa de Manhattan.

Y luego está eso de Deep Face, la tecnología de reconocimiento facial de Facebook, que existe desde 2015. La tecnología está pensada principalmente para que los usuarios puedan etiquetar en sus fotos a gente no identificada, y tiene aparentemente una precisión del 97,35 %.

Pero mientras Facebook no ve ningún problema en identificar a la gente en las imágenes que se suben a su sitio, parece que sí lo tiene con que otras empresas lo hagan.

Cuando las empresas usan sus imágenes libremente

La empresa emergente Clearview, actualmente disponible solo para las fuerzas de orden público, es uno de los actores del reconocimiento facial más discutidos en la actualidad. Aseguran haber rastreado más de tres mil millones de imágenes de sitios como Facebook o YouTube y millones de páginas web. La legalidad de esta práctica está en entredicho, pero mientras tanto, cientos de agencias del orden, incluyendo el FBI, hacen uso alegremente de la tecnología de Clearview para identificar y rastrear a los sospechosos. Twitter, Facebook y LinkedIn han luchado para que Clearview cese y desista. Clearview ha invocado la primera enmienda, argumentando que lo que hacen no es muy diferente de la búsqueda en la web que ya realiza Google, y la batalla continúa.

La filosofía de Clearview es, como mínimo, turbia, aunque parecen estar comprometidos en ayudar a las fuerzas del orden, aún en países autoritarios con dudosos registros en derechos humanos.

La precisión de la tecnología de reconocimiento facial también es dudosa. Si bien Clearview proclama públicamente que tiene una impresionante, y discutida, precisión del 100 %, el software de Amazon espléndidamente denominado Rekognition face-ID identificó erróneamente a 28 miembros del Congreso como gente arrestada por la comisión de un delito. Más aún, parece que los reconocimientos falsos se dan con más frecuencia con la gente de color. Pero hasta que prevalezca la ley, la tecnología y su dudosa precisión continuará su incómodo trabajo.

El mosaico legislativo

La regulación tecnológica ha demostrado ser notoriamente difícil hasta el momento, y cualquier ley sobre reconocimiento facial no es una excepción. En los Estados Unidos, el reconocimiento facial está siendo combatido a nivel local. Tomemos como ejemplo a San Francisco, que en mayo de 2019 prohibió el reconocimiento facial, es decir la vigilancia de la policía y de las agencias gubernamentales, lo que planteó el problema sobre qué hacer con el sistema Face ID de Apple, presente en la mayoría de sus teléfonos más recientes para desbloquear dispositivos personales en lugar de usar un código.

La Unión Europea, que recientemente consideró una prohibición de la tecnología durante cinco años para evaluar su impacto, ha preferido dejar que los países decidan sus propias reglas sobre este tema que tanto divide.

Las universidades también han adoptado sus propias posturas sobre la tecnología. Algunas ya la usan porque piensan que aumentará la seguridad en el campus y en los dormitorios. Algunas han declarado que no la usarán y hay otras que no la están usando aún pero están interesadas.

Detrás de toda esta inquietud por la identidad facial existen claras connotaciones distópicas. De hecho, la privacidad tal como la conocemos está en riesgo. La paranoia en torno a la identificación facial ya está teniendo lo que la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles denomina un efecto escalofriante en la vida pública diaria. Ahí está el problema: a pesar de sus aspectos positivos, el reconocimiento facial supone un paso hacia un asfixiante totalitarismo.

Reconocimiento facial en China

Si desea ver cómo podría llegar a evolucionar la tecnología facial en el futuro, eche un vistazo a China. El reconocimiento facial y otras formas de vigilancia están ya arraigadas en la sociedad china hasta tal punto que la gente difícilmente podría reparar en ello. Está casualmente presente en algunas tiendas, hoteles y estaciones de medios de transporte, donde se sabe que los clientes interactúan con las máquinas de identidad facial. En diciembre de 2019, se aprobó una medida para hacer que los nuevos usuarios de teléfonos móviles se sometan a análisis de identificación facial, aparentemente para evitar el robo de teléfonos. Aunque tales precauciones tienen sus partidarios, la regla también ha inquietado a muchos chinos, que temen que no queden muchos vestigios de privacidad.

Más allá del valor facial

Como muchas tecnologías, el reconocimiento facial tiene algunas ventajas: en este caso, la comodidad y la lucha contra el crimen. Pero a diferencia de muchas otras tecnologías, si el reconocimiento facial se impone, no tendremos mucho control sobre cómo se utiliza. Mientras que, en lo que respecta a las aplicaciones, uno se aferra a esa parte de la privacidad en línea conocida como «aceptar/rechazar», no hay una opción razonable si la identificación facial se convierte en parte de nuestra vida cotidiana. Y aunque la identidad facial pueda ser más segura que una contraseña normal, si es «hackeada», tendrá un problema: puede cambiar una contraseña, pero no es tan fácil cambiar su cara.